Hoy voy a escribir una entrada cortita, y fácil de leer para no cansar demasiado al que pose su vista sobre ella. Quiero hablar sucintamente sobre Dios, ese concepto tan ampliamente malinterpretado.
Hace poco comencé a sentir curiosidad sobre esta idea. A lo largo de mi vida siempre he desechado por completo la posibilidad de que un ser inteligente decida sobre mi propia existencia o sea la causa misma de ella. Pero recientemente he comprendido lo erróneo de la manera en que nos empiezan hablando de pequeños sobre Dios. Ante todo quiero dejar claro que para mí esta incursión en lo metafísico no es más que un experimento mental y una necesidad de dar mi opinión sobre el tema. Nada más.
Pues bien, sobre todo, después de ver la vida de Pi, me puse a pensar en qué podía significar realmente esta palabra: Dios; y durante unas semanas me he propuesto seguir su rastro, así que a continuación os voy a relatar como me ha ido.
Para empezar una amiga mía me habló de unas charlas que se iban a dar durante unas semanas en una parroquia cerca de mi casa, y yo, muy decidido fui a algunas de ellas. Para mi sorpresa no fueron desagradables o aburridas, a pesar de estar fuertemente influenciadas por el espíritu eclesiástico, tenían su parte de razón, y todas tenían un buen propósito. Encontrar esa chispa que nos falta en la vida. Aquello a lo que en muchas ocasiones nos gustaría poder echar mano...
Sin embargo, he de decir en su contra, que la impresión que me dieron fue la siguiente: Solamente se busca en esos sitios un apoyo moral, un hueco mental para evadir la realidad más cercana enfocando nuestras esperanzas en un ser que nos escucha y nos apoya, nos quiere, sobre todo eso, "nos quiere", de modo que no satisfizo mi interés puramente científico en comprender qué puede ser Dios.
Quiero terminar expresando lo que yo creo que es Dios. Para mí, la vida en sí, no deja de sorprenderme, la verdad es que tengo muchas preguntas, y muy pocas respuestas. Pero no puedo caer en el relativismo de afirmar que lo que no conozco no es susceptible de ser conocido. El encomendarse por entero a Dios antes de haberlo conocido me parece cuanto menos arriesgado para la razón humana. Es un insulto a nuestra inteligencia. Si realmente Dios nos ha creado de algún modo, estoy plenamente seguro de que nos hizo inteligentes para pensar, y para dudar, nunca para, en nuestra debilidad espiritual, crear una falsa imagen de él y adorarla sin profundizar más en su "creación". Para mi Dios es esa voz interior de cada uno. Esa curiosidad innata por saber, esa capacidad de amar desinteresadamente, de ayudar, de ver en los ojos de un animal bondad, de sentir más profundamente un simple paisaje...
Aquellos que odian, que viven por vivir, que no se paran un momento a pensar sobre todo lo que significa la vida, aquellos que no pueden en definitiva apreciar la realidad de sus vidas. Están más lejos de ellos mismos de lo que creen. Están más lejos del Dios de verdad que hay en cada uno de nosotros.
Espero que hayan entendido, quienes hayan leído esta entrada, que al menos para mí, Dios no puede ser lo que la iglesia o las religiones en general pretenden que sea. Dios no cabe en un libro, o una forma de vida. A Dios no le interesa si comes cerdo, si vas a misa, si eres bueno con los demás por miedo a él...
Somos libres, y dentro de nuestra libertad, conoceremos a Dios sólo si alguna vez somos capaces de ver dentro de nosotros mismos.
P.D: Sé que quizá esta entrada haya sido un poco caótica, no muy bien expresada y vagamente comprensible. Pero de verdad, hablar de algo tan.. complejo es realmente difícil y he querido escribir tal y como lo iba pensando, sin pararme mucho a editar la corrección de lo que decía. Gracias por leer!
Déjate llevar por los infinitos caminos de las causas y los efectos... todo es lógica. Aunque no lo parezca.
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domingo, 26 de mayo de 2013
miércoles, 9 de mayo de 2012
Humanos y Máquinas
Hasta ayer tenía la fuerte convicción de que el ser humano es, en algún aspecto difícil de definir, superior a la máquina. Sin embargo tras leer las argumentaciones en favor de este hecho, he comprobado que la mayoría apelan al teorema de incompletitud de gödel. Y lo que dicen es que dado que los sistemas formales son limitados, i.e. no pueden derivarse todas las verdades del sistema por métodos puramente sintácticos, siempre seremos algo más que una máquina que funciona de este modo. Pero es que los métodos que nosotros tenemos para comprobar las limitaciones de un sistema formal, son las mismas que se pueden implementar en una máquina. Al fin y al cabo, el origen de todo es saber si la aritmética es consistente, lo cual ni la máquina ni nosotros lo podemos saber.
Espero esto haga reflexionar a quien lo haya entendido.
Espero esto haga reflexionar a quien lo haya entendido.
martes, 1 de mayo de 2012
Lógica y lenguaje
“La ciencia no puede resolver el misterio definitivo de la Naturaleza, y es porque en último término, nosotros mismos somos parte del misterio que intentamos resolver”.
Max Planck
Suele hablarse del primer y segundo Wittgenstein por encontrarse en la misma persona dos concepciones distintas acerca de lo que es el lenguaje y la problemática relacionada con él. El primero argumenta que el lenguaje es una captación de la realidad y como tal no tiene sentido hablar sobre algo que no se pueda comprobar empíricamente. Esto es de lo que no se puede hablar.
En una segunda etapa, Wittgenstein comprende que su definición del lenguaje no es completa, ya que se le escapan usos del lenguaje que no son una representación de nada en concreto, pero que son tan necesarios como los que sí lo hacen.
El primer Wittgenstein, en su intento de definir qué se puede decir con propiedad, habla de la parte del lenguaje que corresponde a la lógica y por ende al razonamiento. El segundo se ocupa de otra tarea ligeramente distinta, ya no sólo trata con enunciados declarativos, sino que intenta analizar al lenguaje en general. Por supuesto se da cuenta de que no todo enunciado expresa algo calificable de verdadero o falso referente al mundo en que vivimos. Sino, más bien comprende que el lenguaje es sólo una herramienta multiusos, refiriéndose a ellos como juegos del lenguaje.
En mi opinión se puede calificar al lenguaje como aquello que permite la comunicación en todas sus formas, ya sea para afirmar, preguntar, negar u ordenar algo. Son diversas maneras de transmitir un mensaje que hace referencia a objetos del mundo o de nuestra imaginación, susceptibles de ser descritos mediante sus propiedades y relaciones con los demás objetos, los cuales pueden tener su significado en la realidad empírica o en los postulados que previamente habremos aceptado nosotros como significado de los objetos de los que hablamos.
En último término, sí que se puede hablar de todo, pero siempre y cuando tengamos el suficiente cuidado de saber si tratamos con enunciados declarativos que expresan información y se pueden catalogar de verdaderos o falsos; o simplemente estamos usando el lenguaje en otra de sus formas para expresar algo diferente. Para cada una de estas situaciones será posible una definición del lenguaje distinta. Pero si sólo nos centramos en la parte pura del razonamiento y la argumentación, nada fuera del mundo de las proposiciones y la lógica tiene sentido alguno, así como tampoco existe una verdad absoluta e incondicional. Nosotros explicitamos qué vamos a entender por significado, ya sea una imagen, un sonido, o un símbolo. Podríamos decir por ejemplo que el significado de “coche” es un objeto que tenga cuatro ruedas y cinco puertas, un volante, asientos... etc. y que lo que hace verdadera la proposición “El coche de mi padre es rojo” es el hecho de que si mi padre tiene un objeto que encaja en la definición anterior y además presenta las características descritas por la proposición posterior, entonces se dice que esa proposición es verdadera. Pero es que nosotros mismos hemos establecido que el significado de ser verdadero es ése, y nada más. Así como hemos descrito cada uno de los objetos que intervienen en el enunciado, excepto aquellos que por necesidad sean primitivos y no se pueda dar una definición de ellos de la forma usual. Al fin y al cabo, nosotros mismos somos los únicos capaces de cerrar el contenido de nuestro discurso bajo los objetivos que nos propongamos. No tiene sentido querer ir más allá, he comprendido que se tiene que partir de algún sitio. Hablar por hablar, no lleva a ninguna parte.
Obviamente, todos vamos a tener esa sensación latente de que la verdad es algo más que eso... Pero en último término, nunca podremos salirnos de nosotros mismos para captar otra verdad que no sea la que nosotros hemos definido de tal cosa.
Finalmente tenemos pues un lenguaje para expresarnos, llamado por nosotros natural, y otros lenguajes formalizados que intentan captar la parte declarativa de nuestro lenguaje natural para hacer más claras las deducciones y llegar así a verdades, eso sí condicionales, de una forma puramente operativa y siendo estas lo más objetivas posibles. Deja de tener sentido entonces preguntarse qué es verdadero, porque no será más que el resultado de aplicar nuestras propias reglas del juego en que consiste la demostración matemática.
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